domingo, 18 de septiembre de 2011

Pon fecha de caducidad a tus hábitos

Los hábitos son una herramienta muy potente y muchos autores afirman que son la clave del éxito. Desde el punto de vista de la productividad, el objetivo del hábito es actuar. Nos permite realizar aquellas cosas que se nos resistían y por tanto recurrimos a ellos cuando vemos que algo "no va bien".

Pero a la larga, pueden suponer una barrera, un tope en nuestro crecimiento, o hacer que aparezcan otros problemas. Por ejemplo, para una persona que no hace ejercicio, y nota que esto puede repercutir en su salud y bienestar, coger el hábito de salir a correr tres veces por semana es algo muy positivo. Pero una vez hemos interiorizado esto, el propio hábito se puede convertir en otro problema. Puede que a la larga aparezcan las lesiones por no tomar en serio los estiramientos, o haber realizado ejercicios de fuerza para fortalecer las lumbares, etc.

Mi objetivo es que un hábito caduque para que pueda dar paso a otra versión evolucionada de éste, siempre que sea necesario (evidentemente, hay casos en los que esto no nos interesa o no es necesario). Siguiendo con el ejemplo del deporte, una vez que he establecido el hábito, lo rompería para comenzar a crear uno nuevo que incluya dedicar quince minutos a los estiramientos en cada sesión. Si el tiempo apremia, sería cuestión de replantear los entrenamientos de forma que nunca se ponga en peligro lo conseguido hasta ahora (y deje de salir a correr), pero siempre dando importancia a los estiramientos. Otro ejemplo lo podríamos tener con la lectura. Si he creado el hábito de leer X páginas de un buen libro técnico al día, puede que deba esforzarme en establecer un nuevo hábito que incluya poner en práctica algo de lo que he leído una vez por semana, por ejemplo, o compartir lo aprendido mediante el blog, reuniones, etc.

Aunque hay muchas herramientas para hacer un seguimiento de nuestro propósito, soy un poco nostálgico y prefiero el lápiz y papel. Tengo definidas unas plantillas, siempre con 21 iteraciones (tras muchas lecturas y atendiendo a mi propia naturaleza, 21 me pareció una buena cifra) en las que puedo marcar si he cumplido el objetivo o no. Las iteraciones pueden ser de días, semanas, etc. según nos interese. Además, añado dos líneas donde indico, en una quién es el responsable (en mi caso, las comparto con mi pareja, por lo que el autor puedo ser yo, ella, o la pareja) y cuál es el objetivo. Luego, voy coloreando el verde las caritas felices si cumplo el objetivo de la iteración, o en rojo la carita triste si no lo he cumplido.

4 comentarios:

  1. Buenas Gregorio!!

    Me ha gustado mucho la entrada, sobretodo la parte en la que destacas que un hábito no es bueno si no permite que evolucione a una versión más "adecuada" del mismo.

    Buena suerte con tus propósitos :-)

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  2. Hola Yeray,

    Me alegra que te haya gustado. Creo que la clave está en buscar la clave para no perder lo que has conseguido con el hábito, pero poder seguir avanzando.

    Con mis propósitos... creé una tabla para el blog, y de momento tengo dos caras felices... si dejo de escribir, ya sabes que el método na vale ;)

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  3. Buenas

    La verdad es que ultimamente me están gustando mucho los post que escribes así que te ayudaremos a que la tabla esté llena de caras sonrientes.

    Besos

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  4. Muchas gracias, la verdad es que los comentarios ayudan ;) A ver si el dejarlo en barbecho vino bien y ahora produce temas a buen ritmo.

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