lunes, 26 de enero de 2015

Mi formación es mi responsabilidad

Imagen de teyoo
Imagina que pides la cuenta en un restaurante y ves que te van a cobrar 20 euros de más y no entiendes por qué. Cuando le preguntas al camarero, este te explica que es porque el cocinero quiere ir a un congreso internacional donde aprenderá a preparar mejores platos y así cuando vuelvas podrás disfrutar de ellos. ¿Qué pensarías?

Estoy leyendo The Clean Coder: A Code Of Conduct For Professional Programmers y en un de los puntos trata la formación. Robert C. Martin opina que no es obligación de la empresa el formarnos, que un buen profesional debe preocuparse de este tema sin esperar a que lo hagan por él. De hecho, considera que el hecho de que la empresa invierta en nuestra formación lo deberíamos ver como un favor.

Una de mis tías siempre decía: "Al barco velero nunca le falta una pena, o se le rompe el timón o se le parte una vela". Con esto quiero decir que todos tenemos "nuestras razones" para excusarnos si no nos formamos: hijos, nuestra economía, aficiones, etc. Lo cierto es que hay mucha (y buena) formación gratuita, charlas y talleres grabados disponibles en la red...podcasts de casi cualquier tema que podemos escuchar de camino al trabajo por ejemplo. También es una costumbre extendida el llevar algo de lectura al baño, así que podemos aprovechar ese momento...y si pensamos que un libro técnico es muy grande y no acabarías nunca así...amigo, a comer mas fibra ;) O buscar opciones, pero con excusas no vamos a ser mejores profesionales.

Pero la realidad es que si estamos en una empresa y no en una obra social, probablemente nos hayan contratado porque, entre todos los candidatos, nosotros éramos el que más se ajustaba a lo que necesitaban. No nos contratan por nuestras responsabilidades personales, sino por nuestras capacidades profesionales. Y es nuestra obligación seguir siendo un candidato válido.

Y esta entrada es, ante todo, un toque de atención personal.


lunes, 19 de enero de 2015

Parálisis por análisis

Imagen de moonfire8
   Lo he padecido yo mismo muchas veces, tanto en lo profesional como en lo personal. También lo he sufrido (lo padecían otros pero me afectaba). Y tenía claro que era algo a evitar... Pero no sabía que estuviera bautizado. 

   Básicamente, consiste en intentar alcanzar la perfección y en este empeño, quedamos atrapados en la fase de análisis sin pasar a la acción.

   Las razones pueden ser varias. En lo personal, la autoexigencia por ejemplo, o el miedo al fracaso. En lo profesional, hablando del desarrollo del software, puede estar causado por creer que los requisitos del cliente no van a cambiar y por ello pensamos que analizando el problema con todo detalle desde el principio, quedará todo atado y no tendremos que hacer cambios en un futuro. (Aquí puedes leer más sobre este antipatrón de diseño)

   Según el principio YANGI (You Aren’t Gonna Need It... que se podría traducir como “No lo vas a necesitar”), no debemos hacer las cosas porque creamos que las vamos a necesitar en un futuro, sino hacerlas cuando realmente las necesitemos. Puede que esta sea una buena herramienta para evitar la parálisis del análisis. Y tiene todo el sentido, ¿para qué anticiparnos si puede que nunca se llegue a necesitar o que cuando se necesite haya cambiado las necesidades?

   En lo personal, me gusta pensar que un paso imperfecto te hace estar más cerca de la meta que mil ideas perfectas. A mi cuerpo le sienta mejor que salga a correr a que me quede en casa buscando el plan de entrenamiento perfecto. Ya iré viendo qué necesito, pero no sentado...