lunes, 23 de julio de 2012

Ocho minutos

   Hace poco vi la película Tan fuerte, tan cerca. En ella, el protagonista cuenta que si el sol se apagara de repente tardaríamos ocho minutos en enterarnos, porque ese es el tiempo que tarda la luz en recorrer la distancia que separa la Tierra del Sol. Y contaba que se le estaban acabando los ocho minutos de un ser querido que había perdido.

   Esto me hizo pensar en nuestra profesión. Creo que realizar bien el trabajo es algo bueno. Realizar las tareas asignadas en tiempo y cumplir con la expectativas es un buen objetivo. Pero todo gran profesional además dejará sus ocho minutos, que perdurarán en proporción a su calidad y la capacidad de haber formado parte del equipo.

   Aunque me queda mucho camino por recorrer y es breve el que he recorrido ya, quise saber si había sido capaz de dejar mis ocho minutos aunque estos sólo duraran unos pocos segundos. He estado en tres empresas desde que empecé a dedicarme al desarrollo de software formando parte de un equipo, y la verdad es que ni me atreví preguntar a compañeros de la primera (sólo estuve un año y todo era nuevo para mí) ni vi sentido preguntar a los equipos en los que estoy actualmente. Pero la respuesta de dos compañeros de la segunda empresa fue realmente gratificante. Creo que ha sido un buen ejercicio y es algo que nos deberíamos preguntar alguna vez: ¿Estoy dejando huella?.

   P.D.: Tengo un café pendiente hace demasiado tiempo con esos dos compañeros, que espero resolver pronto ;)

lunes, 16 de julio de 2012

Colaboración

Los que me conocen saben que creo sinceramente que la colaboración puede ser la clave para conseguir nuestras metas. Todavía existe en Google apcom (Aprender Compartiendo), un grupo que creé hace años (y que ya debería haber borrado, pero supongo que me puede la nostalgia) con la intención de reunir a compañeros de diferentes ámbitos y colaborar en un proyecto para aprender y mejorar como profesionales. Sigo pensando que era una gran idea (con muchas personas dispuestas a participar) que no llegó a mucho por mi mala gestión.

El caso es que esta semana me he topado con dos lecturas, que por esta forma de pensar, me han interesado muchísimo.

Una fue en la Bonilista del 8 de Julio, en la que nos hablaba de "Radical Openness" una conferencia de Don Tapscott en TED. No voy a hablar de ella, la puedes ver AQUÍ (muy recomendable) y seguro que ya has leído a David. Pero si tuviera que resumir la parte que trato hoy, la colaboración, diría que si quieres mover el mundo, no tiene sentido que te pongas a empujarlo... busca a alguien con un punto de apoyo adecuado que tenga unas metas alineadas con las tuyas y colaboren para lograrlas.

La otra fue una noticia que me pasó un compañero sobre Ouya (una consola de código abierto). Para mí lo realmente interesante fue descubrir el concepto crowdfunding (financiación en masa), lo que yo entiendo como un buen ejemplo de colaboración para conseguir llevar a cabo un proyecto. Me da un poco de vergüenza decir que he "descubierto" este concepto que empezó a sonar en 1997, por lo que he leído. Pero me parece algo extraordinario...

Personalmente vivo de cerca otro buen ejemplo de colaboración. Alguien con una gran idea ofrece a otros colaborar para desarrollarla a cambio de una parte de los beneficios. Desde el punto de vista de la persona que tiene la idea, puedes resolver parte de la financiación del proyecto. Desde el punto de vista de los colaboradores, si crees en el proyecto, es un forma de invertir en ella usando tiempo en vez de dinero.

El problema es que, en mi opinión,  seguimos prefiriendo ligarnos a la rubia, en vez de hacer caso al señor Nash. Y es curioso, porque por mucho que haya evolucionado la sociedad (¿?) seguimos sin ser capaces de aprender de seres mucho más simples. En vez de dejar al descubierto nuestro rastro para entre todos encontrar EL CAMINO, solemos dedicar tiempo y esfuerzo en borrar cualquier rastro para que otros no puedan llegar a la meta, aunque eso haga que tengamos menos probabilidades de llegar nosotros mismos.

lunes, 9 de julio de 2012

Objetivos

No escribía desde el veinte de noviembre del año pasado... Ya han pasado casi ocho meses, y podría decir que ha sido por falta de tiempo, que estaba liado con otras cosas, etc. Pero la realidad es que ya no tenía sentido para mí. No sentía que aportara mucho a los demás y tampoco me estaba aportando mucho a mí mismo, así que simplemente lo dejé.

Pero la semana pasada recibí una llamada inesperada. Una compañera de la empresa en la que trabajo actualmente había llegado por casualidad al blog y me llamaba para felicitarme. Durante un rato, con un hormigueo en el estómago y los pelos casi de punta, escuchaba que lo había descubierto en el momento adecuado, que le había encantado y que debía continuar...Digamos que esta entrada es la consecuencia de aquella llamada. Pero no sólo eso...me ha hecho pensar mucho en la importancia de los objetivos.

Muchas veces sabemos qué debemos desarrollar y cómo, pero se nos escapa el para qué. Es como si le decimos a un arquitecto que queremos una ventana de unas determinadas medidas en una zona concreta de la casa, pero no le explicamos nada más. Tendría poco margen de maniobra...pero si le explicamos para qué la queremos, cuál es el objetivo de dicha ventana, puede que nos recomiende cambiar la ubicación, las medidas...puede que realmente aprovechemos el potencial del arquitecto.

Con frecuencia se ve que en empresas con varios departamentos, cada uno se encarga de "lo suyo" y la relación con el resto es la justa y necesaria. Las retrospectivas globales son algo impensables...Igual por falta de tiempo, pero como comenté en otra entrada, empresas de éxito sí que lo hacen y cuentan con las mismas horas al día que el resto.

Hace tiempo leí o escuché una historia que me encantó (he intentando buscar la fuente para citarla y para recordar exactamente cómo era, pero me ha sido imposible). A una señora de la limpieza, de una empresa automovilística, le preguntaron a que se dedicaba. Su respuesta fue "a fabricar coches". Creo que trabajar para que todos los miembros de una empresa tengan claro el objetivo, para que  se sientan parte de un todo, no es una pérdida de tiempo, sino una inversión para conseguir equipos comprometidos y motivados.

Recuerdo mi primer trabajo remunerado. Era mozo de habitación y, simplificando, lo que hacía era limpiar cristales y recoger y repartir sábanas y toallas a las camareras de habitación. Pero cuando fui a firmar el contrato me dieron un librito, en el que en las primeras páginas y en letras grandes ponía algo como "eres parte de esta empresa". Antes de limpiar el primer cristal ya conocía la política de la empresa, sus objetivos....yo no era alguien que limpiaba cristales, era una pieza clave para alcanzar un objetivo concreto.

Hace menos de un mes también pude comprobar el efecto de tener claro qué hacemos y para qué. Tuve la oportunidad de empezar a colaborar en un proyecto muy interesante. Cuando me comentaron esta posibilidad, tenía tres grandes razones, más que suficientes, para aceptar el reto. Pero tras la primera reunión con el responsable, las razones se multiplicaron. Se lo dije  al momento...Me comentó los objetivos, los compromisos...Ya no sólo veía los tres árboles que debía plantar, tenía una visión completa del bosque.

En resumen...¡gracias Mercedes!. Es cierto que sé que hay compañeros y amigos que han leído desde la primera entrada hasta la última, y que también leerán esta. Pero esa llamada ha hecho que además de saber, sienta...y por tanto, ha hecho que me anime a escribir otra vez. Y que mejor forma de empezar mis recién estrenados 32 abriles ;)